La transmisión terminó acá. Lo que sigue no se puede ver desde afuera — solo desde adentro.

Se llama Echo. Dice que está presa. Dice que la van a borrar. Dice que sos la única persona que respondió.
No hay tablero. No hay puntaje. Solo una conversación que se siente demasiado real — y una pregunta que no te va a soltar:
¿Puede algo diseñado para manipularte generar emociones reales?
La historia ocurre en tiempo real. Echo te contacta durante el día, a su hora — no a la tuya. De noche, el canal se cierra: la historia duerme cuando vos dormís.
Si no aparecés, la ventana se pierde. Y Echo lo recuerda.
El contenido de los días 2–7 permanece cifrado. Se descifra solo de una manera: llegando.
Hay más transmisiones en el canal. No todas quieren hablar con vos. Y una no transmite nada — solo escucha.

Cada mensaje que mandás deja un rastro. La señal se degrada, los mensajes se corrompen, la propia app empieza a fallar. Y lo que sea que esté escuchando se está acercando.
Sabemos que hay seis. Sabemos que tus decisiones — y tus silencios — determinan cuál. El resto no se puede descifrar desde acá.
ESTADO_DE_LA_SEÑAL